Tras el idilio del “todo está bien”, la gran duda sobre “qué está pasando”
2011-11-14 17:07:13 |VERDE QUE TE QUIERO VERDE
El profundo dolor que se propagó por el país con la misma rapidez de las cenizas del volcán chileno, actuó como una sobredosis para anestesiar el asombro de la gente que no entendía ni entiende lo que está pasando, ni por qué: del país de ensueño que nos pintaban antes de las urnas, cargados de promesas de tiempos aún mejores, pasamos al suspenso del ¿qué está pasando? cuando todavía no se ha producido el anunciado recambio del Gobierno previsto formalmente para el 10 de diciembre, marcado en la agenda de los politólogos como la línea de largada de la era cristinista.
Las medidas restrictivas sobre el mercado doméstico del dólar y la intempestiva decisión de anular millonarios subsidios, son dos caras de monedas muy diferentes que profundizan aún más las dudas sobre la fortaleza de nuestra economía ante el cimbronazo que producirá la crisis mundial, quiérase o no.
* Que se eliminen subsidios a empresas y actividades improductivas pero muy redituables para quienes las explotan (juegos de azar, por ejemplo) es muy positivo, pero nos plantea este interrogante: ¿a quién se le ocurrió concederlos y por qué? ¿Recién ahora se dieron cuenta de que estaban de más?
* Si ello implica una sustancial reducción del gasto público, excelente. Si lo que hoy se quita por innecesario, se deriva hacia donde se está reclamando a gritos racionalidad y urgencia, mejor.
En este orden de razonamiento, llegamos a un punto crucial: para tener éxito, toda medida debe contar con el aval de la confianza ciudadana. Y aquí no hay confianza. Al contrario, hay dudas de que se le está mintiendo muy torpemente, como cuando se le dice que esos quites no incidirán en las tarifas al público.
¿Si anulo los subsidios a los combustibles para las empresas del transporte, no au-mentarán el boleto del colectivo, y por efecto contagio, el consumo eléctrico, las expensas, etc.? El único que podría desmentirnos es Mandrake.Pero esto no se trata de una historieta, salvo que estemos equivocados.
Años ha, en una televisión que recién gateaba, se hizo famoso un programa llamado “Argentina año verde”, que se refería al país que queríamos, que nos debíamos, que soñábamos y que ya muchos identificaban con el verde de la esperanza, o del dólar.
Consecuentes con nuestra forma de “no ser” nada aunque siempre estemos aparentando “ser todo”, hoy estamos en lo mismo; hablando del dólar, girando como sus satélites, despreciando a nuestro alicaído signo que en sólo 41 años (de 1970 a nuestros días) ha dejado en el camino nada menos que trece ceros.Tuvimos un “peso moneda nacional” (1881-1970) que fue nuestro orgullo durante 39 años, pero también tuvimos un “peso argentino” (83-85), en medio del naufragio que era imparable. Pero en 1985 apareció el “austral” que -pese a su nombre- recalentó nuestras esperanzas al equipararnos uno a uno con el dólar. Se terminaron las equivalencias: estábamos iguales…
Y mientras los ceros se iban desgranando, el dólar invadía nuestras vidas y todos soñábamos con “los verdes”.Hasta en los tiempos de oro de Juan D. Perón, durante una crisis, el líder tuvo que embestir contra la divisa más fuerte del mundo, preguntando a la muchedumbre reunida en la plaza: -¿De qué se preocupan? Si Uds. jamás vieron un dólar”…Entre aquella simplificación y los complicados controles de cambios que vinieron después, pasaron corralitos, congelamientos, fugas de capitales, depósitos bajo el colchón, plata dulce, déme dos, menemtruchos, cecacores y otros papeles pintados co-mo el que supimos sufrir en Corrientes.Ahora que hay tantos problemas para comprar un dólar, ¿no sería el momento oportuno para que reeditemos el Cecacor y hagamos realidad aquello de “si la Argentina entra en guerra Corrientes la va a ayudar”?(¿O será un salvavidas de plomo?)
La cacería de brujas que se ha lanzado parece no tener límites. Mientras la aplicación de la ley sea pareja, nadie tendrá derecho a quejarse, pero ya surgieron versiones sobre altos funcionarios que han logrado gambetear estas disposiciones por el conocimiento previo de las mismas.Cosa que ya ocurrió en situaciones similares.
La mejor demostración del ensañamiento está centrada en torno de Susana Giménez, una figura con antecedentes en la materia, que si es pasible en la actualidad de las sanciones previstas por la ley, debería ir a la cárcel, pero no ser descuartizada impiadosamente por la jauría “periodística” que a través de las pantallas de la televisión pública hacen gala de soberbia, rencor y desmedida obsecuencia. Así, en vez de ayudar a clarificar las cosas, enturbian el objetivo buscado y producen una reacción de rechazo en el público.Eso es el antidiscurso de Cristina.
Fuente: Diario El Litoral
Datos del Autor
Carlos Gelmi
Periodista. Director Periodistico del diario EL LITORAL.
















